La última vez que pasé por acá era julio, y mi vida se movía en un constante caos de cambio y de cosas nuevas que no me imaginaba que iban a venir... se acaba de romper un vaso en algún lugar de la oficina, el ruido llama la atención, pero no lo suficiente para pararme a mirar qué paso.
En realidad pensaba que iba a escribir mucho más este año, y la verdad es que he escrito, pero no por estos medios y no de estos temas al final irrelevantes, Villavicencio ha traído cosas lindas, también cosas muy difíciles, siento que estoy aquí sanando, literalmente sanando, mejorándome de la alergia que un día apareció y que parece no querer irse, así apareció Cielo que al parecer tiene ese nombre porque debía ser así, quien me hizo un masaje reconfortante para volver a dormir, y las constelaciones que me reencuentran una y otra vez con el mismo tema pendiente de siempre y que no termina de cerrar nunca y que aparece en diversas versiones y que al parecer es la raíz de todos mis males. Y se podría decir que ahí seguimos en la lucha y que en realidad no hay muchas cosas que se definan más allá que ya vamos para 3 meses sin vernos, y el regalo de navidad sigue en el baúl de mi carro, la última vez uno de mis pasajeros clandestinos de la vía Villavo - Bogotá puso chorizos de la Cuncia allí encima, así que ni siquiera es atractivo físicamente.
En otras noticias el reggaeton volvió a mi vida, en la persona nada más y nada menos que de Maluma y toda su variedad de duetos, los de Shakira y Ricky Martin mis favoritos... A su vez el reggaeton ha sido compañero fiel de mis mañanas corredoras, que empezaron con rutinas sencillas e intervalos de correr y caminar, y ya van en una media hora de trote ininterrumpido. Mis mañanas en Villavicencio tienen una magia y unos placeres matutinos que hacía mucho no tenía, unos amaneceres hermosos, un clima que de alguna forma motiva la trotada, un ver gente muy trabajadora salir temprano a ganarse la vida, y gatitos varios que me encuentro en el camino y a los que a veces alimento. Luego está el desayuno suculento que me como una vez termino mi ejercicio, mi paso por las redes, la W de fondo que es mi legado de Juani al que me volvió adicta, y a las historias de Hitler o de Diana Uribe para conciliar el sueño, -que en medio de la distancia es la mayor dificultad de todo esto-, solo falta Juani para que sea perfecto, y vivamos en el apto lujoso del Trapiche, y tengamos estos placeres matutinos juntas. Esta será la razón para que yo regrese una vez termine lo que vine a hacer aquí. Pero no puede uno dejar de pensar que la vida en Bogotá es más hostil.
En el transcurso del 2017 mi hermana se comprometió, y esto ajustó los planes que ya venían en camino de visitar el continente de donde nació el hombre, de encontrarse con esos orígenes del mundo que resultan fascinantes y a los que me he acercado a través de Diana Uribe. África nos espera con sus brazos abiertos en pocos días.
El nuevo blog como ven no ha avanzado mucho, esto de la paz involucra y lleva consigo una serie de altibajos que aún no logro plasmar en palabras, hay días en los que me levanto convencida de que no hay otro camino, otros en los que siento que todo el país se va a la mierda y que en realidad somos los colombianos los que no tenemos arreglo, vinimos con un defecto de fábrica que nos tendrá en esta patria boba perpetuamente... y así la vida va.
Les dejo unas fotitos de mis mañanas y de la majestuosa vista del Llano... no prometo seguir viniendo a menudo, como siempre vendré y me iré como ha sido este blog que ya cumple sus buenos años, casi 11...


1 comentario:
siempre es un gusto leerte
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