viernes, 1 de agosto de 2014

La familia

Esta semana me preguntaron en una entrevista cual había sido el peor error que cometí en la vida. Hay dos, uno que no se puede contar en una entrevista, y otro que cometí cuando tenía 12 años...  Al igual que en mi entrevista contaré la que pude contar, la otra fue más famosa de lo que hubiese querido, y no vale la pena volver a ella. 

Yo fui una niña ñoña, estudiar era mi mayor placer, me fluía, lo hacía bien, y sobresalía, así cuando empecé el bachillerato mi sueño era estudiar en un lindo colegio, con muchas cosas chéveres que sirvieran para mi educación, mi papá en su momento dijo que solo pagaba un buen colegio si vivía con él, y mi madre decidió que me metía al mejor colegio distrital del que tenía noticias. Así entré al Liceo Nacional Femenino Policarpa Salavarrieta. (colegio al que creo le debo ser gay, porque no me dio mayores herramientas para relacionarme con chicos, no había algo que se me diera menos). 

Como buen colegio del estado, los recursos eran limitados, quedaba detrás del Museo Nacional, y compartiamos espacio con la Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca. De ese colegio hace parte Angela Ramos, que fue el coco del colegio, pero quien fue la que me enseño a escribir, y la que fomentó todo mi gusto por la lectura, pero los salones eran cero sofisticados, los baños bien feitos gracias, unos cuantos balones para ejercicio, y 10 computadores para una clase semanal de 40, así nos tocaba ir de a 4, y lo que uno alcanzaba a hacer en una hora era nada + nada.

A mi papá lo trasladaron al Cerrejon cuando yo empezaba sexto, cuando llegué al lugar solo atiné a pensar que era el lugar de mis sueños, 2 piscinas, 1 bolera, se podía andar en bici por todo lado, pero lo que me dejó boquiabierta era el colegio, había una biblioteca completa en inglés y español, los salones increíbles, taller de arte, pintura, escultura, computo (con un computador para cada niño), lockers, y de repente, los esfuerzos de mi papá por hacer que viviera con él, dieron su fruto, yo por primera vez me dejaba cautivar por lujos, pero más allá de lujos, era el colegio lo que me hacía querer estar allá... 

En una pelea con mi mamá, le dije a mi hermana que me quería ir a vivir con mi papá, mi hermana le dijo a mi mamá y mi mamá a mi papá, cuando menos me di cuenta yo estaba en la Guajira con todos mis motetes, con un susto inmenso, y con la vida por delante. Estuve aproximadamente 3 meses, el colegio era todo lo que yo desee en la vida, empecé en el nivel más bajo de inglés, y hacía toda clase de manualidades, un dinosaurio con alambres y yeso, unas cajitas con pirograbador, leía libros súper lindos, y vivía una vida que no tenía nada que ver con los problemas de Bogotá, mi padre me daba una mesada, (no corría el riesgo de no ir al cole porque no había plata para el bus y las onces), aunque era la más cachaca de todos, comencé a hacer amigos y me levanté un chico súper churro (se llamaba Sergio), y si, era mi wonderland. 

Luego de los 3 meses venían las vacaciones de mitad de año, yo viajaba a Bogotá, y mi hermana iba perdiendo el año, cuando llegué me di cuenta que me había salvado a mí, pero que ella estaba sola, y a diferencia de mi, no tenía a donde ir cuando sintiera que vivir con mi mamá no era la mejor opción (con todo el respeto y amor hacía mi mamá). Así entonces en una decisión propia de una niña de 12 años, decidí que me devolvía a Bogotá. (a esta movida le debo el único año en la vida que perdí), a pesar de que estoy segura me hubiera podido nivelar, en el colegio no me aceptaban las ausencias. Casi me vuelvo loca, estaba en casa todo el día, pintaba cerámicas, con unas señoras que me quintuplicaban la edad, y extrañaba día y noche el poder ir a estudiar. 

Ese fue tal vez el peor error de mi vida, aprender inglés me ha costado mucho más, mi colegio me enseñó, pero la verdad que hubiese podido ser mejor, y yo siempre pensaré que habría tenido una vida mejor y a su vez le habría podido ofrecer mejores cosas a mi familia materna, (la verdad es que uno no sabe)... esto a su vez me separó un montón de mi papá, nos hizo distanciarnos mucho más, creo que él lo entendió años después, cuando yo en medio de mi "no hablar con él", le conté que mi hermana estaba muy sola y que yo no tuve corazón para dejarla.

Esta semana estuvo llena de cosas muy fuertes, el tío enfermo, otro tío escribiendo cosas muy lindas de la familia, creo que es una naturaleza de mi familia parterna, que las cosas nos fluyan más por escrito que hablando, creo que la única que sabe hablar es mi tía, y es además la única que sabe escuchar, pero al final todo se reduce a que el tío sufre y todos los demás también, porque ver morir a alguien de a pocos no es nada fácil.

Y entonces uno se pone a pensar que las cosas que nos entristecen son unas bobadas, comparadas con las cosas realmente difíciles y que no tienen solución alguna, bien lo dice mi suegro, que los problemas que se solucionan con dinero, no son problemas... y la verdad es que tenemos la vida prestada, y debemos aprovecharla lo más que podamos. Esta semana me sentí orgullosa de la familia paterna que tengo, son 8 tíos y una tía, y la verdad es que no tengo nada que pueda decir en su contra, son todos personas buenas, personas que se equivocan como todos, pero personas buenas. Y de todo esto tiene que salir algo bueno, el tema es que seguimos sin descubrirlo, y seguimos sin saber el por qué o más exactamente el para qué...

Cabeceo de sueño en la oficina, y tengo cero mood de hacer algo en esta tarde. 

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